SANTA CENA FRESNO CALIFORNIA

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IGLESIA LA LUZ DEL MUNDO CELEBRARA SANTA CENA EN LA CIUDAD DE FRESNO

FRESNO, CA., 26 de Noviembre 2011 - "La copa de bendición que bendecimos ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?"

Que hermosas palabras dijo San Pablo: "Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí". (1 Corintios 11:23-24).

Hermoso recuerdo que nos dejara el Señor, y contemplamos su humanidad en lo más íntimo de su ser, cuando su sudor era como gotas de sangre, pidiendo que no se hiciera su voluntad, sino la de su padre, sabiendo que en su carne llevaría la ignominia, la vergüenza de un malhechor, experimentando los más crueles castigos de los soldados romanos y jefes de su propio pueblo, señalándolo como un impostor y traidor a la ley de Moisés, que lo llevo a expresarse de su pueblo con tristeza: ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto, escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Fue esa noche precisamente que el Señor antes de ser entregado tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí; así mismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

Es el momento más sublime que el hombre pueda tener en la tierra, es la ante sala del cielo, el preludio de las cosas que nos esperan, nos hace participantes aquí en la tierra de los poderes del siglo venidero, saboreando en nuestro paladar el pan, como si fuese miel en nuestra boca.

Allí se detiene el tiempo y el espacio, entrando en un éxtasis espiritual de gozo y alegría, siendo muchos nos hacemos uno, inflamándonos y fundiéndonos en la comunión más perfecta que pueda haber. Es lo que la Iglesia participa y disfruta; Y se llama ¡SANTA CENA!